"Yo tomo tinto en esta casa hace 15 años. Doña Rebeca y su nieta siempre nos han atendido muy bien, además es muy agradable hablar con ellas", dice Carlos Suárez. Todas las mañanas, don Carlos se sienta en la tienda de Rebeca Olarte, una mujer de 75 años, que todos los días abre su negocio entre 6:00 de la mañana y las 7:00 de la noche. Se sienta en su mecedora y espera a sus clientes mientras su nieta organiza las sillas. Con el tiempo, sus clientes, más que vecinos, se han vueltos sus amigos.
Rebeca se estableció hace 30 años al barrio Calarcá en Ibagué con su hija Esperanza que para ese entonces estaba embarazada. Recuerda mucho que las calles eran destapadas y que el número de casas era bastante reducido, que allí vivían muchos policías y militares y que la cantidad de locales comerciales no era tan exagerada. Cuando su nieta nació, su hija Esperanza estuvo con ella un tiempo, empacó sus cosas y se marchó sin dar ninguna explicación y dejándole una pequeña de seis meses. Hasta el día de hoy, Rebeca no sabe nada de su hija. Sin embargo, todos los días la recuerda al hablarle de su madre a su nieta Herly Olarte.
Hoy, Herly tiene 29 años y desempeña un papel fundamental en la vida de Rebeca, quien con el paso del tiempo ha ido perdiendo paulatinamente sus sentidos. Su nieta son sus ojos, sus oídos y su existencia.
"Cuando mi hija se fue, mi situación económica empeoró, los gastos que generan un bebé son muchos y yo no tengo una pensión ni nada parecido; ahí fue cuando decidí montar un negocio de tintos (siempre me han dicho que me quedan muy ricos)", cuenta Rebeca, mientras se toma uno.
Empezó vendiéndolos en un termo en las calles a taxistas y transeúntes. Luego, vendía empanadas, galletas y dulces para seguir incrementando sus ahorros, y con un auxilio, que logró del gobierno, compró la casa que antes ocupaba en calidad de arriendo.
"Desde ahí las cosas fueron mejorando, yo seguí ahorrando mucho y monte mi negocito," dice Rebeca. Un negocito para muchos, pero grande para ella porque con las utilidades que la tienda y el tinto dejan, pudo darle estudio a Herly.
“No me imagino si me hubiese tocado seguir vendiendo tintos en los termos, el barrio ha cambiado mucho, y ahora es más inseguro que antes, me da mucho pesar que los muchachos no valoren la memoria de los viejos y que no crean en sus consejos, porque por eso es que se meten en malos pasos robando y metiendo vicio, eso es muy común verlo por aquí”, comenta.
Según doña Rebeca el barrio tiene una representación de personas muy variada. Lo cuenta con una sonrisa y se sonroja confesando que la gente es bastante exagerada y que el chisme es pan diario entre sus vecinos. Cuando tiene que recordar algo que la haya marcado en su estadía como habitante del barrio menciona la muerte de dos reconocidos ladrones, uno a manos de otro ladrón y otro por parte de agentes del DAS.
“Cuando eso pasó fue tema de conversación por varios días, las personas más reconocidas del barrio que son los ancianos se aterraron y los más jóvenes decían que era una especie de alivio para la mayoría del barrio”, dice Rebeca.
Agrega que: “Las épocas donde mejor me va son las vacaciones de junio y diciembre porque los vecinos se unen para hacer actividades y traen a sus familias. Otra buena temporada es Semana Santa ya que la Junta de Acción Comunal organiza anualmente oraciones para el viacrucis y las demás cosas que se hacen en esa semana. Lo bueno de mi negocio es que aunque en el barrio últimamente se hayan creado bares, café internet, y misceláneas, no hay ningún otro puesto de tintos”
Actualmente el negocio continúa, y tiene unos clientes fijos como el señor Carlos Suárez que además de tinto busca a su amiga Rebeca.
La historia de él se repite con muchos más que dicen que tomar tinto allí es como tomárselo en casa porque se disfruta de una buena compañía.
Doña Rebeca ya no vende en las calles. Espera a sus amigos en su negocio y ahí aguarda todo el día, hasta que Herly, su nieta, regresa de su trabajo y de su estudio. Ahora ella lleva la 'batuta' en su casa, sin embargo a Herly eso no parece molestarse, pues dice que se siente completamente feliz porque tiene la mejor abuela de todas y que mientras le sea posible le devolverá con intenciones y cuidados todo lo que esta mujer emprendedora a hecho por ella.
Testimonio de doña Rebeca
Testimonio de Herly Olarte
http://cronicas-urbanas.blogspot.com/
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