lunes, 28 de junio de 2010

EN BÚSQUEDA DE SANGRE O DIVERSION



Es el encontrar de las miradas en un ruedo que los espera, son los gritos desesperados por una respuesta y es la plata la que interesa.

La ciudad de Ibagué celebra la fiesta taurina en plaza de toros Pepe Cáceres, un evento que algunos llaman diversión y lo que otros llaman una búsqueda de sangre.


Anjara Naranjo es una comerciante que todos los años para el mes de junio trabaja con su asociación en este lugar, ella afirma que siempre llegan personas que aman el toros, que se apasionan con las corridas y toda la cultura que trae esta práctica, desde la el vestuario, pasando por el licor y llegando al famoso “OLÉ”.

Por otra parte nos encontramos con los que dicen sentir un profundo amor por los animales, un gran respeto y cuidado, que los han conducido a las puertas de la plaza de toros, para protestar por el sufrimiento que estos hombres causan en los toros.

Más allá del toreo se esconde una oportunidad para todos, los que quieren asistir al toreo, los que quieren protestar y mostrar su desacuerdo a través de sus pancartas y actitudes y otros que están buscando una forma de ganarse unos pesos.

Ya en la plaza, en el lugar de la discordia, se encuentra mucha gente cerca al ruedo, esperando con ancías un toro para engancharlo, un torero valiente, y un charco de sangre, una mancha clara en la arena limpia; afuera se escuchan fuertes gritos en contra de la violencia que trae esta práctica. Se empujan y se tiran objetos para evitar la entrada a este sitio y de pronto causar una reflexión en el público asistente.


La policía quiere evitar el conflicto entre estos dos grupos cada uno defendiendo su posición, los unos con un derecho a proteger los animales y otros con el derecho asistir a un evento que es legal ante el estado, alegan por un momento de esparcimiento y diversión.

Un plan que no es para muchos por su grado de sensibilidad, ante las imágenes fuertes de un toro suelto y solo, unas muletillas explorando el pinchazo y un torero que muchos desean que no llegue a la enfermería.

Para las personas que trabajan en este evento, es lucrativa la responsabilidad de la fiesta taurina, una práctica otorga trabajo a muchas personas en diferentes áreas como que venden los alimentos, los colaboran en el mantenimiento del ruedo, y los que manipulan los animales.

Al final todos tienen un grado de satisfacción, los asistentes a la fiesta taurina por haber presenciado una buena corrida, los protectores de animales por dejar un pequeño registro de su lucha en voz de los animales, y los vendedores por llevar dinero a sus hogares.

Un pequeño vistazo de lo que ocurre en una ciudad pequeña con gustos, intereses y problemáticas.

viernes, 25 de junio de 2010

Detrás de cada tinto está doña Rebeca

Los mejores tintos del barrio Calarcá



"Yo tomo tinto en esta casa hace 15 años. Doña Rebeca y su nieta siempre nos han atendido muy bien, además es muy agradable hablar con ellas", dice Carlos Suárez. Todas las mañanas, don Carlos se sienta en la tienda de Rebeca Olarte, una mujer de 75 años, que todos los días abre su negocio entre 6:00 de la mañana y las 7:00 de la noche. Se sienta en su mecedora y espera a sus clientes mientras su nieta organiza las sillas. Con el tiempo, sus clientes, más que vecinos, se han vueltos sus amigos.

Rebeca se estableció hace 30 años al barrio Calarcá en Ibagué con su hija Esperanza que para ese entonces estaba embarazada. Recuerda mucho que las calles eran destapadas y que el número de casas era bastante reducido, que allí vivían muchos policías y militares y que la cantidad de locales comerciales no era tan exagerada. Cuando su nieta nació, su hija Esperanza estuvo con ella un tiempo, empacó sus cosas y se marchó sin dar ninguna explicación y dejándole una pequeña de seis meses. Hasta el día de hoy, Rebeca no sabe nada de su hija. Sin embargo, todos los días la recuerda al hablarle de su madre a su nieta Herly Olarte.

Hoy, Herly tiene 29 años y desempeña un papel fundamental en la vida de Rebeca, quien con el paso del tiempo ha ido perdiendo paulatinamente sus sentidos. Su nieta son sus ojos, sus oídos y su existencia.

"Cuando mi hija se fue, mi situación económica empeoró, los gastos que generan un bebé son muchos y yo no tengo una pensión ni nada parecido; ahí fue cuando decidí montar un negocio de tintos (siempre me han dicho que me quedan muy ricos)", cuenta Rebeca, mientras se toma uno.

Empezó vendiéndolos en un termo en las calles a taxistas y transeúntes. Luego, vendía empanadas, galletas y dulces para seguir incrementando sus ahorros, y con un auxilio, que logró del gobierno, compró la casa que antes ocupaba en calidad de arriendo.

"Desde ahí las cosas fueron mejorando, yo seguí ahorrando mucho y monte mi negocito," dice Rebeca. Un negocito para muchos, pero grande para ella porque con las utilidades que la tienda y el tinto dejan, pudo darle estudio a Herly.

“No me imagino si me hubiese tocado seguir vendiendo tintos en los termos, el barrio ha cambiado mucho, y ahora es más inseguro que antes, me da mucho pesar que los muchachos no valoren la memoria de los viejos y que no crean en sus consejos, porque por eso es que se meten en malos pasos robando y metiendo vicio, eso es muy común verlo por aquí”, comenta.

Según doña Rebeca el barrio tiene una representación de personas muy variada. Lo cuenta con una sonrisa y se sonroja confesando que la gente es bastante exagerada y que el chisme es pan diario entre sus vecinos. Cuando tiene que recordar algo que la haya marcado en su estadía como habitante del barrio menciona la muerte de dos reconocidos ladrones, uno a manos de otro ladrón y otro por parte de agentes del DAS.

“Cuando eso pasó fue tema de conversación por varios días, las personas más reconocidas del barrio que son los ancianos se aterraron y los más jóvenes decían que era una especie de alivio para la mayoría del barrio”, dice Rebeca.

Agrega que: “Las épocas donde mejor me va son las vacaciones de junio y diciembre porque los vecinos se unen para hacer actividades y traen a sus familias. Otra buena temporada es Semana Santa ya que la Junta de Acción Comunal organiza anualmente oraciones para el viacrucis y las demás cosas que se hacen en esa semana. Lo bueno de mi negocio es que aunque en el barrio últimamente se hayan creado bares, café internet, y misceláneas, no hay ningún otro puesto de tintos”

Actualmente el negocio continúa, y tiene unos clientes fijos como el señor Carlos Suárez que además de tinto busca a su amiga Rebeca.

La historia de él se repite con muchos más que dicen que tomar tinto allí es como tomárselo en casa porque se disfruta de una buena compañía.

Doña Rebeca ya no vende en las calles. Espera a sus amigos en su negocio y ahí aguarda todo el día, hasta que Herly, su nieta, regresa de su trabajo y de su estudio. Ahora ella lleva la 'batuta' en su casa, sin embargo a Herly eso no parece molestarse, pues dice que se siente completamente feliz porque tiene la mejor abuela de todas y que mientras le sea posible le devolverá con intenciones y cuidados todo lo que esta mujer emprendedora a hecho por ella.

Testimonio de doña Rebeca


Testimonio de Herly Olarte

http://cronicas-urbanas.blogspot.com/

martes, 22 de junio de 2010

jueves, 17 de junio de 2010

“YO QUIERO QUE ARREGLEN EL TECHO PARA ESTUDIAR”


Niños del municipio de Ambalema – Tolima reciben clases en sede cerca a la alcaldía, debido a que la edificación colonial designada como centro educativo se cae a pocos por falta de cuidado.

Pareciera que las puertas cerradas quisieran decir que esta a punto de caerse, o tal vez intentan reflejar lo que hace algunos días pasó.
Roberto Bohórquez es un hombre de 41 años que vive en frente del Colegio María Auxiliadora del municipio de Ambalema- Tolima, hace algunos días dejo de escuchar el habitual ruido que los niños de edades desde cinco a once años hacían al salir a descanso o simplemente al dirigirse a cada una de sus casas, y esa ausencia en la rutina normal de los sonidos de sus casa no se debe a que al periodo escolar halla terminado sino a que es prácticamente imposible estudiar en una edificación que se cae por partes.
“Es el colmo que un edificio como este se encuentre en un estado tan malo” dice Roberto mientras explica que si la administración municipal prestara atención a este tesoro de la región seria diferente la historia, hace aproximadamente dos meses se desplomo el techo de uno de los salones que afortunadamente fue evacuado con anterioridad y que gracias a la prevención de los maestros y vecinos no arrojo como resultado ningún niño herido.
La hija de don Roberto, Karen Bohórquez, se encuentra cursando cuarto grado de primaria y mientras compaña a su papa a dar la acostumbrada ronda al colegio abandonado, nos cuenta que la nueva sede ubicada cerca a la alcaldía no es tan amplia como su colegio, “yo quiero que arreglen el techo para estudiar, a mi y a mis amigos nos parece mucho mas chévere estudiar aquí que en donde nos mandaron”.
Lamentablemente a pesar de que el Colegio María Auxiliadora cuanta con las ventajas de una construcción hecha en 1809 , es decir, con paredes de cerca de 19 cm de ancho y con bases solidas, no es indestructible y necesita del cuidado de las administraciones que por muchos años de han beneficiado de ella.
Las puertas seguirán cerradas tal vez intentando hablar, tal vez con la misma esperanza de padres y niños: que el colegio tenga la atención que merece y que no se derrumbe en sus narices un tesoro de Ambalema.